EDITORIAL

La reciente conmemoración y festejo de nuestros sesenta años de actividades al servicio de las relaciones entre Chile y Croacia, vino a marcar un hito importante para nuestro Círculo. Ello por dos razones esenciales que consideramos necesario compartir.

Primero, porque fue un momento para reflexionar acerca de una historia que lleva nombres y apellidos, que tiene causas profundas y que ha producido resultados tangibles. Lo hicimos reconociendo la labor de nuestros precursores, y situándonos con humildad en la continuidad de un legado que recogemos con orgullo, pero que está lejos de terminar con nosotros. Es más, porque observamos nuestra historia, creemos necesario amplificar lo heredado hacia las nuevas generaciones de descendientes de croatas, cuya pertenencia e identidad han evolucionado y hoy buscan nuevas formas de acercamiento con Croacia.

Segundo, porque al inscribirnos dentro de un camino que tiene profundidad y trayecto, reconocemos en él su sentido y la importancia de su devenir, y es este, juntamente, el que hemos tomado como principal desafío para los años que vienen. Mas allá de las personas que hoy integran con dedicación el CPEAC, es la institución la que debe mantenerse sólida, perenne, y constantemente renovada.

Una organización como la nuestra, anclada en la comunidad chileno-croata, requiere proyectarse a través de sus acciones. “Obras son amores” —dice el refrán popular—, expresándonos que, más allá de los discursos y de los buenos propósitos, son sobre todo los hechos los que cuentan y nos proyectan. Y es esa proyección, justamente, la que necesita del compromiso activo de los socios. Sin participación, las ideas expresadas en diferentes documentos o tribunas por parte del directorio, serán únicamente buenos propósitos cuyo impacto estará limitado a la capacidad de éstos para realizar lo esperado.

Empujar en el mismo sentido, y hacerlo conjuntamente, provoca una dinámica superior a la suma de quienes participan. Es sobre ella que buscamos diseñar el futuro de nuestra organización.

Los ejes de acción presentados durante la cena de aniversario del mes pasado, deben materializarse en proyectos concretos y actividades colectivas. Invitaremos por consiguiente a los socios a participar en forma activa, de manera de que puedan integrarse a los grupos de trabajo que les daremos a conocer en los próximos días.

Con una nueva comunicación en dirección a los socios y hacia la comunidad en general, más cercana y reactiva, estaremos impulsando varias iniciativas grupales tendientes a incentivar el trabajo participativo e identificar centros de interés que puedan también enriquecer a quienes buscan la forma de cooperar y comprometerse con Croacia y la comunidad local.

Por de pronto, nos preparamos para un mes de mayo que será activo y estará marcado por varias actividades relativas a día de Croacia en las que estaremos participando junto a las demás organizaciones de la comunidad.

Recogiendo una historia, nos proyectamos al futuro

Las satisfacciones provocan alegría y están llamadas a ser compartidas. Y la alegría suele ser contagiosa; puesto que irradia, se difunde, ilumina. Sobre todo, cuando la entregamos de corazón a quienes nos rodean, más aún, si se trata de camaradas y amigos con los que compartimos causas comunes.

Nuestro CPEAC ha cumplido sesenta años. Lo hemos celebrado como corresponde, con bombos y platillos, como suele decirse, a fines de marzo, en una cena a la que quisimos darle el realce que la ocasión merecía. Este evento nos ha provocado una alegría para ser expresada y repartida con cariño entre los socios y amigos que nos acompañaron en esta conmemoración.

Durante la ceremonia, dos fueron los mensajes principales expresados por el directorio a los asistentes.

El primero es que, siendo el CPEAC el resultado de una historia hecha a punta del esfuerzo y entusiasmo por parte de nuestros precursores, nos enraizamos en ella y en los valores heredados de padres y abuelos. El homenaje y reconocimiento a quienes forjaron las bases de nuestra institución era un deber moral de fidelidad. Recordar su trabajo y despliegue no hacía otra cosa que reforzar nuestros propios cimientos, encausar la actividad presente en esa identidad permanente que legitima el actuar de todas las organizaciones de la diáspora de Chile. Los nombres de aquellos generosos precursores están y seguirán estando presentes entre nosotros y entre los que vendrán después. Hacia ellos quisimos transmitir la primera parte de nuestro mensaje institucional como un gesto de esta generacion que hoy los honra y agradece.

La historia que recogemos de estas seis décadas nos plantea también una serie de desafíos. Y ese fue el segundo aspecto de nuestro mensaje. La actual generación que dirige y participa en el CPEAC está llamada a integrar a otras más jóvenes, de manera a perpetuar el legado recibido. Y nada mejor que un momento de solemnidad como este, para reflexionar en torno a estos desafíos y transformarlos en ejes de futuro. Estamos innovando en nuestros métodos de comunicación y prácticas, procurando integrar a nuevas generaciones.

Somos conscientes de que el lazo identitario que une a los mayores de nosotros con Croacia, ya sea a través del idioma materno o, simplemente de la cultura expresada por padres y abuelos, la que se reflejaba en tradiciones culinarias, canciones, cuentos, dichos populares, historias de pueblos... se han ido perdiendo con el tiempo. Para los jóvenes de cuarta y quinta generación que llevan un apellido croata y que, de alguna manera, se sienten pertenecer a la nación croata, la identidad debe ser descubierta en otros aspectos. Interesarlos en la historia, el idioma, en el establecimiento de intercambios de nuevo tipo y de redes de contacto, sensibilizarlos en la pertenencia a una nación que, siendo milenaria, es singular, ya que está conformada por los habitantes de dentro y fuera del territorio, y que a ella también pertenecen.

Los sesenta años nos dan vida y fuerza. Nuestro deber es consolidar lo realizado e impulsar acciones de futuro, en lo posible, en forma mancomunada con las demás instituciones de nuestra comunidad. El esfuerzo venidero estará entonces centrado en la transmisión de valores y en la innovación de nuestra organización.

Frente a la crisis preocupante que vivimos a nivel planetario, ojalá que abril sea el mes en que baje la tensión y que nos acerquemos a la paz que anhelamos.

Sesenta años: historias y desafíos de futuro