EDITORIAL

El mundo actual vive una época de gran incertidumbre. Por lo repetida, la frase podría resultar hasta banal. Sin embargo, al ampliar nuestra mirada, observamos con consternación su cruel y trágica validez. Cual funámbulos en ejercicio, pareciera que caminamos por la cuerda floja tratando de mantener un frágil equilibrio, mientras, desde la altura, apuntándonos, cuelga con peligro una espada de Damocles.

Enderezar nuestra marcha es lo primero, esquivar la caída eventual de la espada lo segundo. En eso estamos por estos días, al menos tratando de hacerlo; y lo asumimos con optimismo. Crear algunas certezas pareciera indispensable y, ayudarnos, complementa y endulza ese camino.

Vistas desde esa perspectiva, es entonces dentro de este entorno que se sitúan nuestras pequeñas acciones institucionales. Pertenecemos a una comunidad que, recogiendo la historia legada, con todos sus avatares y causas, mira de frente el futuro, para sortear escollos y encaminar sus pasos hacia horizontes más certeros.

La pertenencia a un pueblo milenario, orgulloso de su historia, dispenso en partes casi iguales entre quienes habitan su territorio y los inmigrantes, hijos y nietos radicados en decenas de países, es una ayuda al equilibrio y es generadora de certezas. Hay pocos ejemplos en el mundo en los que, a pesar del paso de los años y la lejanía geográfica y cultural entre los países de residencia, las comunidades del exterior se sientan tan unidas a la nación ancestral. Las actividades son muchas y variadas, en todos los ámbitos, la cultura croata vive en esas comunidades e irradia su influencia en los países de residencia, donde sus descendientes ocupan diversas y destacadas funciones dentro de la sociedad chilena. Es así, como nuestras pequeñas acciones institucionales se hacen grandes y se multiplican.

A la pregunta recurrente de saber cuántos somos actualmente en Chile, respondemos que es imposible saberlo con precisión, pero que no es lo más relevante. Doscientos o trescientos mil, tal vez más, según a quiénes contemos y hasta qué generación lo hacemos; pero somos muchísimos los que nos sentimos pertenecer al pueblo croata. El abundante trabajo que despliegan las instituciones de la comunidad chileno-croata da testimonio de esta pertenencia.

El sentido de nuestras acciones debe ser visto entonces con esta perspectiva: contribuir a dar vida a nuestra pertenecía, favoreciendo el acercamiento —que es una suerte de encuentro permanente— con Croacia. Nuestra actividad permite dar una mejor visibilidad a Croacia en Chile, crea lazos con otras instituciones, generar camaradería y solidaridad entre los miembros, dar vida y legitimar en la práctica las relaciones entre dos países que comparten principios y valores.

Al conmemorar nuestros sesenta años de existencia este mes de marzo, reflexionar no solamente acerca del contenido de las acciones realizadas, sino de su vigencia y sentido, es entonces necesario.

La cena de aniversario del 26 de marzo —a la que, por cierto, les esperamos— será una excelente ocasión para celebrar y dar aún un mayor sentido a lo que juntos hacemos y proyectamos.

Pertenencia y sentido