EDITORIAL

Un balance contrastado en agosto

Como en varios otros países europeos, los incendios forestales han causado estragos este verano y se han convertido en una pesadilla para Croacia. La segunda semana de agosto, uno de ellos destruyó aproximadamente 8 kilómetros de bosques y arbustos en la costa de Dalmacia. Hubo muertos, heridos y numerosos destrozos en inmuebles y bienes. Para muchos descendientes de croatas de Chile, este hecho fue muy preocupante, ya que numerosas familias son originarias de la zona siniestrada y tienen parientes cercanos en esos poblados. Nos referimos a apellidos como Medić, Marušić, Kovačić, Mimica, Kušić, Tafra, Balić, Stanić, etc.

Hasta el día de hoy, se mantienen los trabajos de remoción de escombros, corte de árboles quemados y rehabilitación de algunos sitios. Costará varios años que ese lugar recupere su belleza natural y, probablemente, las consecuencias repercutirán en el turismo.

También en nuestro país, las inclemencias del tiempo se han manifestado en algunas regiones. Abogamos por que la ayuda de urgencia y la reconstrucción alcancen los resultados esperados rápidamente.

Durante el mes de agosto, nuestra organización ha estado trabajando en dos frentes a la vez. En la edición de un libro que destaca la contribución de los descendientes de croatas al deporte chileno —del que le estaremos contando detalles en los próximos días—; y en la negociación de sendos convenios con entidades universitarias que podrán beneficiar a nuestros socios. Para comunicar detalladamente ambas acciones, se preparan eventos para este mes de septiembre.

Por otra parte, nos complace informarles que hace unos días nos reunimos en Split con la organización hermana Matica Iseljenika, que aceptó financiar la traducción de nuestra antología de poemas, relatos y cuentos “Puentes sobre el mar”, obra de 20 escritores chilenos de origen croata publicada el año pasado. El trabajo de traducción se encuentra concluido y se espera contar con los libros, en su versión croata, antes de fin de año.

Como lo hemos hecho en reiteradas ocasiones, aprovechamos, una vez más, para reiterar nuestro llamado a la unión entre las organizaciones de la comunidad. No solo es deseable, sino que es necesario generar vínculos de confianza entre nosotros, disipar las desconfianzas, coordinar nuestras actividades, ya que, por lo general, estas son complementarias. Solo multiplicando nuestros esfuerzos de forma conjunta damos valor a la identidad croata y nos mostramos con toda nuestra riqueza ante la comunidad y el país. Hay comunidades extranjeras que, con menos connacionales y menos organizaciones, han sabido dar mayor visibilidad al país de pertenencia y, hacer valorar sus acciones.

La mejor forma de avanzar en este camino es mediante la implementación de acciones comunes y una comunicación amplia y organizada, con la legitimidad que solo la trayectoria otorga, entre los responsables de las instituciones. El mismo llamado hacemos a quienes representan a nuestra diáspora ante las autoridades de Croacia y la Embajada en nuestro país.

Las prioridades de Croacia y su estrategia de implementación debieran ser conocidas por la comunidad; son condiciones esenciales para difundir y contribuir a la política exterior croata a través de las organizaciones y sus socios. Nuestros esfuerzos seguirán apuntando en esa dirección.

Así pues, sobre la base de la confianza recíproca y de la autonomía de cada institución, estimamos que la comunicación debe mejorarse entre los diferentes actores.

Las satisfacciones provocan alegría y están llamadas a ser compartidas. Y la alegría suele ser contagiosa; puesto que irradia, se difunde, ilumina. Sobre todo, cuando la entregamos de corazón a quienes nos rodean, más aún, si se trata de camaradas y amigos con los que compartimos causas comunes.

Nuestro CPEAC ha cumplido sesenta años. Lo hemos celebrado como corresponde, con bombos y platillos, como suele decirse, a fines de marzo, en una cena a la que quisimos darle el realce que la ocasión merecía. Este evento nos ha provocado una alegría para ser expresada y repartida con cariño entre los socios y amigos que nos acompañaron en esta conmemoración.

Durante la ceremonia, dos fueron los mensajes principales expresados por el directorio a los asistentes.

El primero es que, siendo el CPEAC el resultado de una historia hecha a punta del esfuerzo y entusiasmo por parte de nuestros precursores, nos enraizamos en ella y en los valores heredados de padres y abuelos. El homenaje y reconocimiento a quienes forjaron las bases de nuestra institución era un deber moral de fidelidad. Recordar su trabajo y despliegue no hacía otra cosa que reforzar nuestros propios cimientos, encausar la actividad presente en esa identidad permanente que legitima el actuar de todas las organizaciones de la diáspora de Chile. Los nombres de aquellos generosos precursores están y seguirán estando presentes entre nosotros y entre los que vendrán después. Hacia ellos quisimos transmitir la primera parte de nuestro mensaje institucional como un gesto de esta generacion que hoy los honra y agradece.

La historia que recogemos de estas seis décadas nos plantea también una serie de desafíos. Y ese fue el segundo aspecto de nuestro mensaje. La actual generación que dirige y participa en el CPEAC está llamada a integrar a otras más jóvenes, de manera a perpetuar el legado recibido. Y nada mejor que un momento de solemnidad como este, para reflexionar en torno a estos desafíos y transformarlos en ejes de futuro. Estamos innovando en nuestros métodos de comunicación y prácticas, procurando integrar a nuevas generaciones.

Somos conscientes de que el lazo identitario que une a los mayores de nosotros con Croacia, ya sea a través del idioma materno o, simplemente de la cultura expresada por padres y abuelos, la que se reflejaba en tradiciones culinarias, canciones, cuentos, dichos populares, historias de pueblos... se han ido perdiendo con el tiempo. Para los jóvenes de cuarta y quinta generación que llevan un apellido croata y que, de alguna manera, se sienten pertenecer a la nación croata, la identidad debe ser descubierta en otros aspectos. Interesarlos en la historia, el idioma, en el establecimiento de intercambios de nuevo tipo y de redes de contacto, sensibilizarlos en la pertenencia a una nación que, siendo milenaria, es singular, ya que está conformada por los habitantes de dentro y fuera del territorio, y que a ella también pertenecen.

Los sesenta años nos dan vida y fuerza. Nuestro deber es consolidar lo realizado e impulsar acciones de futuro, en lo posible, en forma mancomunada con las demás instituciones de nuestra comunidad. El esfuerzo venidero estará entonces centrado en la transmisión de valores y en la innovación de nuestra organización.

Frente a la crisis preocupante que vivimos a nivel planetario, ojalá que abril sea el mes en que baje la tensión y que nos acerquemos a la paz que anhelamos.

Sesenta años: historias y desafíos de futuro

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